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Carta del Arzobispo



Queridos hermanos:

En estos momentos de tribulación a causa del coronavirus, Dios nos habla y nos sale al encuentro. El Señor está presente entre nosotros y nos acompaña con palabras de aliento y esperanza. Nuestra Madre la Virgen del Pilar, desde la columna que nos acerca en directo esta página web, nos obtiene de su Hijo “fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor”, porque es faro de luz esplendente que guía los destinos de Zaragoza y Aragón.

Como ciudadanos debemos asumir y cumplir con fidelidad las medidas y recomendaciones de las autoridades civiles para frenar esta pandemia y evitar los riesgos de contagios. Como cristianos queremos vivir esta situación grave con toda responsabilidad ciudadana, con solidaridad fraterna hacia las personas afectadas y en la confianza en Dios, que en tiempos de prueba no nos deja de la mano, sino que sostiene nuestra esperanza y nos invita a la conversión.

También debemos estar disponibles para un nuevo y exigente ejercicio de solidaridad ante las consecuencias económicas y sociales que se temen como consecuencia de este problema global. Este momento de gran necesidad puede ser, esperamos, ocasión para fortalecer, entre todos, la solidaridad y el esfuerzo por buscar el bien común.

El miedo puede ser otro virus que nos paraliza. No nos encerremos en nosotros mismos, buscando nuestro propio bien; abrámonos al bien de los otros, practiquemos la caridad y las obras de misericordia con todos los que está sufriendo este momento doloroso. Aunque tengamos cerradas las puertas de nuestras iglesias, los cristianos no podemos encerrarnos y tenemos que ser Iglesia con corazón y en salida.

Más que nunca hemos de abrirnos a contemplar el Misterio desvelado en la Cruz gloriosa de Jesucristo. Las medidas presentes y futuras nos obligan a mantener distancias. Cultivemos la cercanía de la oración y de la caridad. Oremos unos por otros, por quienes están padeciendo la enfermedad en sus casas o en los hospitales, por el personal sanitario, por sus familiares y amigos, por las instituciones del Estado, así como por quienes trabajan por la contención en la propagación del coronavirus.

Con la oración del Papa Francisco te suplicamos: “Ayúdanos, Madre del Divino Amor, a conformarnos con la voluntad del Padre y a hacer lo que nos diga Jesús, quien ha tomado sobre sí nuestros sufrimientos y ha cargado con nuestros dolores para conducirnos, a través de la cruz, a la alegría de la resurrección. Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios. No desoigas nuestras súplicas, que estamos en la prueba, y líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita”. Amén.

Con mi afecto y bendición,

+ Vicente, arzobispo de Zaragoza.

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